Crece el ciberbullying cuatro veces más que el bullying.

 No se trata de un fenómeno nuevo, sin embargo, quienes  trabajamos  en la investigavción y creación de  estrategias para frenar la violencia escolar descubrimos grandes diferencias entre el ciberbullying y el acoso escolar. Una de ellas es la velocidad con que se hace un daño mayor en la víctima, lo que le ha  colocado en primer lugar a la hora de dañar a otro. 

    Los cyberacosadores se valen de sms para asustar, de  blogs  para denigrar,  del e-mail  para amenazar, de fotologs para crear redes de acoso, por ejemplo pegando imágenes montadas con la cara de la víctima e invitando a internautas a que digan al menos tres cosas por la cual la odian; enviando virus a los correos electrónicos… A diferencia del  bullying, que nace fuera de las aulas pero explota en éstas; el cyberbullying nace en los centros educativos  y se extiende por la red  para  dañar todo aquello que compete a la vida del menor: actividades extraescolares, familia, deportes, con el fin de destrozar su vida.

   Hay que tener en cuanta que los aspectos  que marcan la diferencia entre uno y otro es que en el mundo virtual los roles no cambian, generalmente, como suele ocurrir en el acoso escolar.  El que es acosado raramente se convierte en acosador, porque su imagen se ve rápidamente denigrada ante muchas personas. Del mismo modo, hay una marcada diferencia  respecto de “entre quiénes  se lleva a cabo”. Ya no se trata de un acoso entre niños y/o adolescentes de edad similar,  la diferencia de edad puede ser mayor, también del grupo que apoya al ciberacosador con sus comentarios.

  Otro aspecto a tener en cuenta es que el cyberacosador asume características diferentes que un bully, incluso cuando se trate de la misma persona. Si bien puede haber en ambos baja empatía, tendencia a justificar la violencia como una actitud justa, o tener vínculos  familiares débiles, los cyberacosadores manifiestan mayor frialdad, preveen consecuencias con una mayor obsesión de que se cumplan, y planifican sus pasos con mayor crueldad. En muchas ocasiones he conocido adolescentes que tenían una aparente relación perfecta con sus compañeros pero que actuaban como cyberacosadores, aunque estos casos han sido los menos.

  Las consecuencias sociales, morales y psicológicas para las víctimas no tardan en verse, generalmente al cabo de dos o tres días, con un fuerte sentimiento de soledad, de ser odiados por muchas personas, de que nunca serán queridos por nadie o aceptados, de ser culpables de lo que les pasa, con la percepción permanente  de que no tendrán apoyo para salir del lugar donde han sido colocados.

Quizás, es hora de que la sociedad empiece a darse cuenta de que hay que cambiar el modo de educar. No se trata de una carencia de autoridad por parte del profesorado. De lo que se trata es de dejar de funcionar con viejos parámetros y empezar a trabajar con nuevas ideas, como el trabajo en red o entender las escuelas como organizaciones escolares, donde todo adulto se compromete con la educación. Y esto no es una utopía, el Proyecto  Atenea (www.eijj.org) se ha llevado a cabo en muchos países. Tampoco  se trata de que las familias impidan a sus hijos a entrar al mundo virtual.  De lo que se trata es de ver que estamos frente a un modo diferente de ser niño y  de ser adolescente  del de hace cuarenta años y que esto exige a los padres replantearse cómo se quiere y se debe educar, cómo infundir en los hijos la idea de que no hay que destrozar al otro para sentirse fuerte, que se vale por lo que se es.

Masacre en Alemania: ¿Por qué hay cada vez más asesinatos en los colegios por ex alumnos?

 NORA RODRIGUEZ

Pedagoga y Escritora

Dicen que Tim K., el adolescente de 17 años que disparó  el 11 de marzo en Winnenden a mansalva en su ex colegio y produjo la muerte de 16 personas era aparentemente tranquilo. Dicen  también que  le gustaban las películas de terror, jugar al tenis de mesa  y practicar tiro  como a su padre. Cualquiera que sólo se tome cinco minutos en buscar en internet  verá que  hay una estrecha relación entre  los chicos de aparencia tranquila y  el placer por los videojuegos  violentos y las masacres que llevan a cabo estos jóvenes o el modo en cómo se preparan con vestimentas especiales para “la puesta en escena” en la que juegan a ser otro. Incluso, también es posible comprobar la estrecha relación que hay entre el placer que les causan ciertas  películas de terror y la forma en que disfrutan asesinando, por lo general disparando a ciegas. Ahora bien,  ¿se puede seguir pensando que se trata sólo de una súbita y espontánea explosión de rabia salvaje de adolescentes con problemas psiquiátricos? Cierto es que muchos de ellos  sí tienen trastornos psiquiatricos. Algunos han mandado cartas anónimas  a la policía sobre los que estarían dispuestos a hacer;  algunos incluso se han grabado y colgado sus amenazas en internet.  La mayoría de ellos han acabado  suicidándose   tras el éxtasis de la masacre. Pero lo que  nos  debe hacer reflexionar ante estos episodios es por qué eligen sus  propios colegios para llevar a acabo la masacre. No significa que este sea el caso, pero aún así no lo sabemos.

Sin duda los problemas  graves  que un niño o un adolescente tenga en el colegio, por más que cambie  de centro o abandone los estudios  siguen estando dentro de él, en estado de larva si no recibe ayuda de los adultos.  No hay que olvidar que, en especial los chicos y chicas marginados  por sus compañeros durante años acaban  no sólo  autoexcluyéndose  sino que experiementan verdaderos cambios de carácter. Un joven tranquilo , pacífico y alegre puede convertirse en un asesino en potencia si  es víctima de bullying, si se siente culpable de lo que le pasa,  hasta  puede empezar a pensar en su suicidio.

Es probable que  su vida siga siendo  aparentemente tranquila, incluso que no bajen las notas en el colegio, o que la gente del barrio lo vea como  una persona ejemplar. Pero  si la sensación de  extrañeza  va creciendo, y también la culpa de lo que le pasa, como los responsables de su estado  son sus compañeros (o cualquiera que los represente) fácilmente desplazará la culpa y de perseguido se convertirá en perseguidor. No importa si desde el primer episodio  en que se ha sentido marginado han pasado cuatro o cinco años. Su carácter ha cambiado y nadie de su entorno  se ha dado  cuenta. Él mantendrá los mismos hábitos, las mismas rutinas, su pasión por la violencia, por recuperar protagonismo, hasta que llega el momento de  lo que considera “hacer justicia”.

No hay que olvidar que el proceso del bullying es silencioso y sutil. Primero el  alumno se percibe  víctima de uno o dos compañeros. Al cabo de un tiempo percibe una sensación de soledad y marginación porque  todo el grupo está en su contra. Se da cuenta de que  se lo rechaza  por algo que tiene que ver con sus persona. (Fase de la estigmatización). Más tarde entra en lo que yo llamo la “fase límite” del bullying, y es cuando se pregunta “¿por qué a mi?”. Esta pregunta lo coloca invariablemente en una posición de  inferioridad, y la respuesta es la autoculpabilización. Se dirá “porque yo soy…, porque yo  hice…, o porque yo  dije…”. Entonces entrará en la siguiente etapa, con una mayor destrucción de su personalidad: la de querer agradar a los demás. Esta fase  no suele durar mucho tiempo, pero es determinante para las decisiones que tome en el futuro. Es en esta etapa (según la experiencia me ha demostrado) muchos de ellos “planifican sus venganzas”, que puede durar meses, incluso años, en forma de obsesión. Cualquier detalle, cualquier acontecimiento, cualquier olor, imagen, sonido o frase les  puede resultar familiar y llevarlos a revivir una y otra vez el dolor de lo que pudieron haber vivido. Sea violencia física, psicológica, moral, social, sexual o ideológica, o todas a la vez, por parte de sus compañeros. Entonces en un momento dicen “¡Basta!” Hay que empezar de una vez por todas a ayudar responsablemente a las víctimas de acoso escolar.  Hay que llevar a cabo programas escolares y seguimiento tanto de los alumnos conflictivos como de sus víctimas. Fundamentalmente porque cuando un chico se convierte en asesino potencial no escatimará esfuerzos en buscar un público cada vez mayor, y no sólo internet es una buena plataforma sino el colegio  en el que creció y sufrió.  

Educar con viejas fórmulas o educar desde la ética

Probablemente uno de los desafíos del siglo XXI sea definir cómo educar a  niños y a  adolescentes que aprenden a socializarse desde el mundo de la imagen y en el consumo digital. Es hora de empezar a plantearnos  si  queremos educarles  para que sean  un sujeto ético o simplemente alguien disciplinado. Si decidimos lo segundo, cuando no cumplan las normas, correremos el riesgo de que adultos sin más recursos que lo que ellos han aprendido les estigmaticen, tachándoles enseguida de   “problemáticos”,  “tiranos”  “desobedientes”  “impresentables” , o cualquier otro epíteto que acabe por colocarlos en un lugar donde se conviertan en los únicos responsables de sus actos y quiten responsabilidad a los adultos de su entorno.   Si decidimos lo segundo,  nuestro trabajo será mucho más arduo, porque lo ético  no aparece ni por asomo  en los mundos virtuales en los que se mueven. Muchos  niños occidentales empiezan a descubrir   el mundo  a través de una pantalla más que de una experiencia directa; están más encerrados en sus casas que lo que lo estuvieron sus padres; o  creen que no necesitan de nadie. Es hora de empezar a educarles para que sean buenas personas, para que sientan que participan de un mundo más amplio donde “los otros”  son necesarios para su vida  tal como ellos lo son para los demás. Nadie puede vivir solo, y seguir educando a los niños desde el  individualismo, es no  prepararlos para la vida y sí para el  consumismo y la competitividad. Al fin y al cabo ser individualista es más aceptado que ser cooperativo, porque es  necesario para el mantenimiento de nuestra cultura. Sólo  se trata de ensalzar los deseos  del individuo por sobre el grupo y tendremos  un individuo el que consumirá  por impulso, tomará   decisiones rápidas a la hora de comprar  y  en apariencia “muy personales”. En este sentido, seguir educando a niños desde el individualismo es seguir manteniendo una parte muy importante de la economía de mercado. ¿Podemos seguir aceptando estas viejas formas cuando sabemos que  hoy  los niños tienen más dificultades para socializarse, son menos empáticos y tienen más miedo a los demás que hace tres décadas? De hecho hay cada vez más niños y adolescentes con estrés a causa del miedo que les produce  pensar que  los demás pueden descubrir  qué piensan.   Tampoco  habría que  olvidar que individualismo, además de  convertir a niños sanos en obsesiones ambulantes que  deseen  atiborrarse de  todo lo que  la economía de mercado necesita que prueben, experimenten, compren o  devoren,  convirtiéndolos en consumidores de primer orden, suele  generar más violencia.  El niño  individualista  compite, quiere ganar, a veces a cualquier precio. Es por esto que educar  hoy implica   enseñarles a  tener en cuenta a los otros, implica promover una actitud crítica. Transmitir, compartir,  escuchar y crear  una relación importante  con los  hijos  aunque sólo se tengan   diez  minutos diarios. Para que aprendan   a respetarse, a no dejarse llevar por voces anónimas que provienen de internet,  para que  aprendan formas no violentas de  defender sus derechos, a ser sensibles con “los otros”, a decir “no”…  Despertar estas inquietudes en los hijos  siempre va a ser un desafío. He ahí el sentido de la nueva educación.    Nadie puede crecer sólo. El individualismo es sólo una de las asignaturas que  niños y adolescentes están aprendiendo mal. La sociedad actual ha llevado el  individualismo  a una instrospección autista. Hay que darle la vuelta. Sí, incluso  en una  sociedad que  pide de los niños  que sea consumista, competitivos e individualistas,  que insiste en que  los hijos  están más informados que los padres sólo porque se sumergen en un exceso de información que no siempre logran digerir. Incluso en estas condiciones los padres pueden   retomar talentos  y habilidades para educar, valiéndose de  otros medios. Este es  el gran desafío de la nueva educación. info@norarodriguez.com

*Para quienes quieran enviar un Comentario tened en cuenta que, cuando dice, por ejemplo, 3 y 2, significa que los números  que aparecen  deben ser sumados.